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Ficcientos

Ficciones a cientos. Osadía literaria y ficcionario particular de Eduardo Allende. 

jueves, julio 07, 2005

Breviario - A modo de presentación

La oscuridad, obviamente pretendida, en que siempre anda envuelta hace que no resulte fácil glosar la figura de Alirio Gutiérrez. Vaya por delante mi confesión de que no le conozco. No le he visto nunca. De hecho dudo que alguien haya podido verlo alguna vez. Ni siquiera sé si bajo ese nombre se oculta una persona o son varios los enmascarados, quizá organizados bajo algún extraño rito iniciático. Y aún así, Alirio Gutiérrez se ha convertido en mi particular obsesión. Un fortuito acceso inicial a sus escritos, hace ya demasiados años, y una detallada investigación que el tiempo tornó enfermiza me han tenido ocupado por excesivo tiempo. Quiero juntar ahora estas páginas que recogen mis indagaciones y exégesis con la esperanza de alejar de mí de una vez por todas su sombra.

Tuve noticia por vez primera de la existencia de Alirio Gutiérrez al conocer el análisis sobre la composición “El burro de San Blas” incluido en ‘Lo demás es silencio’. Por aquel entonces pensé, y sigo pensando, que este Alirio no era más que otra pieza del hábil juego de espejos que don Eduardo Torres y don Augusto Monterroso habían construído alrededor de sus trabajos. Cualquier lector de Monterroso acaba convencido de que Torres es una invención. Lo mismo ocurre con los lectores de Torres, convencidos ellos de que Monterroso es un personaje de ficción. Pero tiempo después reaparecería en mi vida el misterioso pero verdadero Alirio Gutiérrez.

En uno de mis viajes de trabajo, haciendo tiempo entre clientes, me dio por hojear el diario ‘La Provincia (ejemplar correspondiente al 23 de julio de 1974). Todo pudo haber quedado en eso, en la simple lectura de un periódico. Pero allí, en la sección de ‘Cartas al Director’, había una, firmada por Alirio Gutiérrez, que contenía curiosas apreciaciones sobre algunos conceptos filosóficos aplicados a cierto asunto entonces de actualidad. Recordando “El Burro de San Blas” y constatando que la publicación de cartas exigía, por parte del diario, una acreditación oficial de la personalidad del firmante, resolví realizar una pequeña investigación con objeto de entretener algo las largas horas muertas de todo desplazamiento en misión comercial.

No tardé mucho en descubrir que, por descuido o negligencia, a ‘La Provincia’ le habían colado una carta anónima. En ningún registro civil o religioso existía tal nombre sin su correspondiente segundo apellido, tal y como pude comprobar posteriormente. Pero descubrí algo más. Descubrí que allí se solían recibir cartas firmadas por Alirio Gutiérrez casi a diario. Todos los redactores lo conocían e incluso hacían bromas a su costa. Tuve ocasión de leer algunas de ellas ya que todas eran cuidadosamente archivadas. Nadie podía explicarse tal profusión redactora en la seguridad de que nada de lo escrito sería publicado alguna vez. Pero las cartas seguían llegando, tratando multitud de cuestiones. Al principio, según me contaron, al menos eran leídas, pero hacía tiempo que pasaban directamente a la carpeta destinada a conservarlas.

No mucho después de aquello, refiriendo esta anécdota a un conocido, me encontré con que Alirio Gutierrez no sólo inundaba de escritos la redacción de ‘La Provincia’ sino que también enviaba material a muchas otras editoriales, no siempre periódicos. La cosa empezó a intrigarme y con ello nació mi desgracia. Conseguí por parte de ‘La Provincia’ el reenvío automático a mi domicilio de todo el material que recibieran de Alirio Gutiérrez. Otros diarios tuvieron a bien hacer lo mismo y ésto, unido a algunos contactos personales, me ha permitido recopilar una ingente cantidad de escritos debidos a esta misteriosa mano.

Debo agradecer a todas las empresas editoriales con que he contactado su amable disposición a lo largo de todos estos años, así como el envío de los originales, con los que no sabían muy bien qué hacer y que ahora forman parte de mi colección. Por razones que no enjuiciaré, todas ellas han preferido el cómodo anonimato que aquí les garantizo. En consecuencia, sólo mi palabra avala la veracidad de todo lo que sigue. Son muy libres de dudar de ella. A mí, por el contrario, me ha sido vedada la posibilidad de considerar todo esto ficción.

Dejo aquí la tarea imposible de presentarles a Alirio Gutiérrez. Por sus obras le conocerán.


Anonymous Eduardo dijo...

Hoy empiezo yo: Me sobran las dos primeras comas y la cacofónica repetición de 'tiempo' en el primer párrafo. Mejor sería: '...una detallada investigación que el tiempo tornó enfermiza me han tenido ocupado en exceso'.  


Blogger ana dijo...

Repito: qué gracia tiene mi Eduardo. No he leído todavía el post, ahora lo comentaré, pero comprenderás que ahora conteste yo, y te contesto lo que estás pensando.  


Anonymous Eduardo dijo...

Tengo por costumbre no pensar.  


Blogger ana dijo...

Pues te recomiendo un texto muy bonito de Borges que menciona todo eso de las cacofonías, a ver si te lo encuentro y te lo paso.  


Anonymous Eduardo dijo...

Recuerdo perfectamente ese texto y me sigue sobrando esa repetición. Cosas mías, supongo.  


Blogger ana dijo...

Sí, creo que la repetición a mi también se me hace un poco dura, claro, como no te gusta adverbializar en -mente, no escribes "excesivamente ocupado", acabarás poniendo "ocupado en exceso". Lo de las comas no lo veo tan problemático, ya depende de si querías explicar o especificar.  


Anonymous Eduardo dijo...

Sólo pensaba en el ritmo. Se me hace raro una pausa tan temprana.  


Blogger ana dijo...

Se te hace raro por "obviamente", no por las comas, las comas las pones o no dependiendo de si quieres explicar o especificar, si hubieras dicho: la oscuridad, creo que pretendida, tal tal tal, o, la oscuridad, no me cabe duda que pretendida, en que tal tal tal, no se te haría tan raro.  


Anonymous Eduardo dijo...

Puede ser, pero el 'obviamente' sin las comas y leído en voz alta me suena muy bien, a medio camino entre la pretenciosidad literaria y el academicismo, la exacta voz que le busco al narrador. Y sí, también me gusta más calificar esa oscuridad que explicarla.  


Blogger ana dijo...

Me parece fascinante la presentación de don Alirio, qué suerte que yo ya lo conozca un poquito por el Rosario, es una pena que el narrador no sea cliente de "La esquina", allí tendría la oportunidad de conocerlo, seguro que nos contaba qué hace don Alirio con los azucarillos.
Qué misterioso este personaje.  


Blogger juanba dijo...

¡Uy ustedes dos son perfeccionistas al máximo! ¿Existe la patología obsesivo-compulsiva con los textos? jajajaja

",y una detallada investigación que con el fluir del tiempo se tornó enfermiza," ¿Y esa suena bien?

Salutes  


Anonymous Eduardo dijo...

Gracias Juanba, toda sugerencia es bienvenida.  


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