<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/plusone.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar.g?targetBlogID\x3d13210035\x26blogName\x3dFiccientos\x26publishMode\x3dPUBLISH_MODE_BLOGSPOT\x26navbarType\x3dSILVER\x26layoutType\x3dCLASSIC\x26searchRoot\x3dhttp://ficcientos.blogspot.com/search\x26blogLocale\x3des_ES\x26v\x3d2\x26homepageUrl\x3dhttp://ficcientos.blogspot.com/\x26vt\x3d-145869207320689423', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>
Ficcientos

Ficciones a cientos. Osadía literaria y ficcionario particular de Eduardo Allende. 

sábado, julio 09, 2005

Rosario - Capítulo V

Por retomar la cosa en el justo momento en que lo dejé, le recuerdo aquí que cuando desperté, Rosario todavía estaba allí. Es importante tenerlo en cuenta porque las cosas sin orden ni concierto no llevan a ninguna parte y nada más lejos de mi ánimo que perder el norte en la relación de estos acontecimientos en los que llevo parte fundamental y me afectan de manera muy directa. No es otra la razón por la que me veo incapaz de narrarle esto con la frialdad tan aconsejable tanto en esta como en el resto de esferas de la vida. Quizá Herminio, funcionario él como puede deducir por su nombre y el hombre más frío que he conocido jamás, hubiera sido capaz de abstraerse de las personales implicaciones y evitar relatar las cosas en caliente, que siempre trae más problemas que beneficios como todo guardia que haya levantado alguna vez un atestado y tomado declaración a un testigo sabe.

Herminio paraba todas las tardes en ‘La Esquina’ para jugar su partida de dominó, que había llegado a convertirse (la partida, no Herminio) en el clásico deportivo del lugar. No eran pocos los que se dejaban caer por allí sólo para disfrutar de la contemplación de los severos rostros de los jugadores, de los violentos choques de las fichas contra el mármol de las mesas, en fin, de todas esas cosas que convierten los acontecimientos del más alto nivel en ceremonias casi religiosas. Hubo un tiempo en que llegaron a cruzarse apuestas, pero se abandonó tal práctica por consejo de don Alirio, que la consideraba excesivamente británica para aquellas latitudes.

El caso es que Herminio alcanzaba tal grado de concentración en sus partidas de dominó que se le iba cayendo la ceniza del cigarrillo por todas partes. Puede usted imaginarse la desesperación de Rosario, que solía rodear a Herminio de ceniceros en vano intento de mantener la pulcritud del local. Pero no había forma de evitarlo, siempre quedaban huecos y espacios en los que la ceniza del cigarro de Herminio podía y solía depositarse. No sé si sabe que sólo hay tres clases de polígonos regulares capaces de cubrir el plano por completo, el triángulo, el cuadrado y el hexágono. Para lamento de Rosario, que no tenía la menor idea de geometría recreativa y los mosaicos sólo le parecían superficies que fregar, los ceniceros de ‘La Esquina’ eran redondos.

El más destacable de los rivales de Herminio era, sin duda ninguna, Revilla. No sé si se ha dado cuenta de que en todas las oficinas bancarias hay un empleado, el que más años lleva allí sin ascender de puesto, que se llama Revilla. Suele ser algo corpulento, viste manga corta incluso en invierno, se mueve por entre los archivos como pez en el agua y conoce todos y cada uno de los secretos que allí se ocultan. En ‘La Esquina’, o mejor, entre su clientela habitual, contábamos con nuestro Revilla particular, que respondía con asombrosa exactitud a la descripción que acabo de hacerle salvo en un pequeño detalle: en realidad no se llamaba Revilla. Aún así, en beneficio de la estética literaria, le ruego que me permita referirme a él con ese nombre, muchísimo más apropiado que el auténtico que, además, no necesita conocer para seguir mi historia.

Sabrá, de todas formas, que para jugar al dominó no sólo es recomendable sino también imprescindible contar con cuatro jugadores. Ésta y no otra es la razón por la que tantos incautos se atrevieron a retar a estos dos, si me permite el infeliz juego de palabras, dominadores de la especialidad. Ni que decir tiene que nadie jamás consiguió derrotarles. A veces vencía Herminio, otras veces lo hacía Revilla, pero a los aspirantes siempre les quedaba el ingrato papel de hacerse cargo de la cuenta, que solía ser abultada porque a Revilla le iba mucho el coñac.

Don Alirio llegó a intentarlo una vez y de aquella nació su famosa frase, siempre repetida en ‘La Esquina’ desde entonces, de que ‘el dominó es un deporte que desarrolla la mente para jugar al dominó’. Incluso el señor Yoshimoto, aquel caballero al que, a pesar de que siempre iba acompañado de su diccionario, nunca pudimos entender qué es lo que pedía y le servíamos café, llegó a sentarse una vez a la partida. Fue el único que no perdió, ya que no consiguió entender las reglas y hubo que declarar nulo el resultado.

Pero no me distraiga. Si tiene interés en que le cuente lo del dominó, dígamelo claramente y otro día lo haré, que lo que yo quería contarle es que cuando desperté, Rosario todavía estaba allí. ¿Acaso no le interesa saber lo que ocurrió después?


Blogger juanba dijo...

Me mató lo de Revilla, y creo firmemente que además de haber uno en cada banco hay uno en cada oficina.

Y sí, ¡quiero saber qué ocurrió después!  


Anonymous Eduardo dijo...

Lo llevas claro, Juanba. Que hay un Revilla en cada oficina (de cada banco o de cualquier otra empresa) está demostrado. Hay evidencia empírica suficiente.  


Blogger Wallenstein77 dijo...

Buenos dias lectores:
Me ha gustado mucho el capitulo, quizas el que mas, sobre todo la aparicion del japones. El señor Yoshimoto me recuerda al señor Suzuki que conoci en el camino de Santiago y el cual deleito al publico del albergue en una ocasion cantando la malagueña "malaguela salerosa" algo con lo que no nos atrevimos quienes de Malaga veniamos, aunque me he distraido.
Tambien me ha gustado la referencia a la geometria recreativa que podria retrotraerla a la semana pasada y a ciertos comentarios sobre animaciones de grabados alli enlazados.
saludos a todos.  


Blogger ana dijo...

Me está gustando mucho la clientela de "La Esquina", creo que te están saliendo unos personajes bastante encantadores, y que aquellos a los que ya conocemos de más capítulos les estamos empezando a tomar cariño.  


Blogger Aquende dijo...

Curiosidad:
Ayer recibo una llamada telefónica de un número que conozco hace treinta años.
Mientras escucho miro la pantalla del teléfono: ¡Ahí va! El número está compuesto de nueve dígitos distintos y falta el cinco.
Confirmado:
El sudoku (dominó) desarrolla la mente para solucionar (jugar) el sodoku (al dominó).  


Blogger chin dijo...

Como individuo que ha desarrollado sus habilidades, en gran parte, en los bares, por "La Esquina" empiezo a encontrarme como en casa.  


Publicar un comentario

© 2005, Eduardo Allende - Alojado en Blogger con plantilla adaptada de Blogger Templates