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Ficcientos

Ficciones a cientos. Osadía literaria y ficcionario particular de Eduardo Allende. 

martes, julio 12, 2005

Rosario - Capítulo VI

Aún a riesgo de repetirme le diré que cuando desperté, Rosario todavía estaba allí. Siempre es mejor correr el riesgo de cometer alguna innecesaria reiteración que obviar cualquier elemento esencial en el desarrollo de los acontecimientos cuya sucesión ordenada compone la historia que le estoy contando aquí. Cuando uno se ve en la tesitura de tener que adivinar la historia a partir de retales desordenados tropieza con numerosas dificultades, que yo quisiera ahorrarle ya que tiene la deferencia de leer lo que aquí le escribo.

Sin ir más lejos, lo poco que llegamos a saber del señor Kasuhiro Yoshimoto tuvo que averiguarse por medios casi detectivescos ya que, como creo haberle dicho alguna vez, tenía grandes dificultades para expresarse en cristiano. Continuamente tiraba del diccionario y construía poéticas expresiones que las más de las veces nadie entendía. Para que se haga una idea, una de las pocas que llegamos a descifrar fue ‘color no líquido’, que usaba para pedir agua. Por el contrario, cosas como ‘cazar lluvia guante’ aún permanecen en el cofre de los misterios, salvo que don Alirio, que se cuidaba mucho de anotarlas todas en su secreto cuaderno, haya hecho algún avance en los últimos tiempos.

Me imagino que se preguntará cómo llegamos a conocer entonces allá en ‘La Esquina’ el nombre y apellidos de tan peculiar caballero. Pues por una cosa tan simple como un recorte de periódico que guardaba como una reliquia y mostraba a todo aquel que quisiera verlo. Del mismo deduje en su día que, años antes, Kasuhiro Yoshimoto se había presentado en nuestro país dispuesto a cumplir un sueño que compartía con muchos de sus compatriotas, ser figura del toreo. El periódico no aclaraba cómo diantres pudo desenvolverse a su llegada habida cuenta de sus limitaciones con el idioma. Pero por lo visto parece que llegó a contactar con algún apoderado o representante que le ayudó en los siempre difíciles comienzos de cualquier carrera profesional.

Quiso tomar el nombre de ‘El Niño del Sol Naciente’ pero, desafortunadamente, un paisano suyo se le había adelantado. Ignorante de la actualidad local en el mundo del espectáculo, consintió en presentarse con el sobrenombre de ‘Chinito de la Calzada’ para mofa y escarnio por parte de la profesión al completo y de la gran mayoría de aficionados. Pero como no hay mal que por bien no venga, semejante apodo le llevó a conseguir debutar en una novillada con picadores en la plaza de toros de Fuengirola, de esas que se organizan para turistas y que deben a azarosas casualidades cualquier parecido con una verdadera corrida de toros. Le acompañaban en el cartel un torero de arte y otro de Albacete. Aquel fue el escenario de su desgracia, principio y fin de su carrera taurina.

Por lo que pude colegir de aquel recorte de periódico, tras haber recibido con arte y tronío al primero de su lote, andaba Kasuhiro intentando poner en suerte a su primer novillo para que tomara el primer puyazo cuando cargó en demasía el peso sobre su pierna derecha dando un traspiés que le hizo caer frente al novillo. En natural gesto de supervivencia, Yoshimoto se puso a rodar por el suelo con la intención de apartarse de la línea de la acometida de la res, con tan mala fortuna que fue a parar bajo las patas del caballo que, preso de los nervios, lo pisoteó sin contemplaciones. La cosa no habría pasado de algunas contusiones graves de no haber recibido en su hombro derecho el puyazo que estaba destinado para el novillo, que llevaba el nombre de ‘Guitarrero’. Así, de forma tan aciaga, se convirtió en el primer torero herido por un caballo y picado que había sido atendido en la enfermería de aquella plaza. Las consecuencias fueron las que puede imaginar: Kasuhiro Yoshimoto se convirtió durante aquel trimestre en la estrella de los programas televisivos de vídeos domésticos, que siempre han celebrado los trompazos y mamporros, pero jamás volvió a ser contratado para torear. Con el tiempo pasó a ser tan olvidado como aquel portero de fútbol que se metió un gol él solito o aquel otro excursionista que fue violado por un burro cuando intentaba hacer sus necesidades en campo abierto tras una mata y que habían alcanzado, ambos dos, similares cotas de popularidad.

Sólo Revilla, cuya memoria era prodigiosa y podía perfectamente haberse llamado Funes, se permitía alguna chanza al respecto de vez en cuando. Y aunque Herminio le reprendía siempre que lo hacía, Yoshimoto, haciendo gala de su habitual sobriedad, se limitaba a sonreir, que era lo que llevaba haciendo en ‘La Esquina’ siete años sembrando la duda entre los parroquianos sobre si entendía o no lo que se le decía.

De todas formas, en ‘La Esquina’ el único verdadero aficionado a los toros entre los parroquianos habituales era el ‘Tranviario’, que, contrariamente a lo que pueda usted suponer, lo que conducía para ganarse el sustento era un autobús de línea y no un tranvía. El ‘Tranviario’ siempre hizo buenas migas con Yoshimoto, porque era consciente de que hasta para salir herido por el caballo hay que echarle un valor que no tienen muchos. Pero como me ponga aquí a contarle la historia del ‘Tranviario’, que reconozco que es jugosa, creo que me demoraría demasiado en alcanzar el núcleo fundamental de mi historia, es decir los acontecimientos posteriores a aquel momento en que desperté confirmando que Rosario seguía allí.


Blogger ana dijo...

Fantástico, de verdad, ese "sin ir más lejos" y las expresiones poéticas de Yoshimoto, y el torero de arte y el otro de Albacete, y "se convirtió en el primer torero herido por un caballo y picado que había sido atendido en la enfermería de aquella plaza", y lo del excursionista y el burro.
Ahora me has dejado con las ganas de conocer al Tranviario, que por lo que has adelantado, ya me cae muy bien.  


Blogger juanba dijo...

Joder Eduardo, me has dejado con una nueva intriga, y ya ni es lo que ocurra con Rosario o Ulises, sino qué carajo significa eso de 'cazar lluvia guante’

(Otra noche en vela sin poder dormir, me cacho en diez...)

Salutes  


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