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Ficcientos

Ficciones a cientos. Osadía literaria y ficcionario particular de Eduardo Allende. 

viernes, julio 22, 2005

Rosario - Capítulo VII

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía habría de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Debe perdonarme que comience así este capítulo pero al comprobar todo lo que ya llevo redactado no he podido evitar sentirme un poco escritor y no he sabido resistir la tentación de darme hoy el gusto de empezar un texto con estas palabras, aprovechándome de su confianza, querido lector. No se lo tome muy en serio. El hielo no es cosa exótica para los que trabajamos en un bar. Y como sabe, nunca conocí a mi padre, así que difícilmente pudo llevarme a conocer nada. Por lo demás, jamás he visto un coronel de cerca y, aunque sí me ví una vez frente a un pelotón de fusilamiento, eso forma parte de otra historia que no creo le interese en demasía. La que nos ha traído aquí es aquella otra en la que desperté y, para mi sorpresa, descubrí que Rosario todavía estaba allí.

Y es que la vida es una sucesión de sorpresas ante la que sólo cabe disponerse a asumir en todo momento lo que uno menos espera. La única regularidad que he detectado a lo largo de los años de mi vida es precisamente que basta con esperar algo para garantizar que no suceda. Pero ojo, porque si uno se pone a esperar algo con el único propósito de evitar que suceda, su secreta esperanza es en realidad la contraria y el tiro le saldrá por la culata. No sé si me explico, pero es que tengo tendencia a liarme con los razonamientos, cosa que más de una vez casi me hace ingresar en la lista negra del Tranviario.

El Tranviario era un hombre de mundo, pero de un mundo muy pequeño y limitado. Él siempre creyó lo contrario porque una vez había visitado Londres invitado por los señores de la casa donde servía su mujer, personas demasiado importantes como para que cometa yo aquí la torpeza de decirle sus nombres (o sus apellidos, que entre esta clase de gente es cosa de mucha más relevancia). Fue allí, en Londres, concretamente visitando su jardín zoológico, donde el Tranviario se hizo con una placa que decía ‘Cuidado, Animal Peligroso’. La placa, en realidad, no decía exactamente eso porque estaba escrita en inglés pero yo se la he traducido para su mejor comprensión. No es que yo sepa idiomas. Fue el Herminio, que tuvo que estudiarlos para preparar la oposición, quien nos tradujo el mensaje de la placa a todos los de ‘La Esquina’, porque allí no abundan los políglotas ¿sabe?. Sólo don Alirio podría considerarse dotado de cierto don de lenguas, pero tiraba más hacia el alemán, el volapuk y el idioma de la recóndita isla de Tapihi.

El caso es que el Tranviario colocó esa placa en una de las banquetas del bar y desde ese día tomó posesión de la misma. Y como quiera que don Germán no tomó cartas en el asunto y que los plazos de la usucapión no parecen tener gran relevancia en esta clase de negocios, la banqueta sigue siendo de su propiedad a día de hoy y a nadie permite sentarse en ella. Pero es que el Tranviario siempre ha sido muy suyo. Fíjese que es la única persona que yo he conocido que tiene una lista negra. Pero una lista negra de verdad. Siempre va con un pequeño cuaderno, y cuando se enfada con alguien, allí apunta su nombre para recordar a quién ha retirado el saludo. Y no se vaya a creer que es una retirada cualquiera. Cuando el Tranviario retira el saludo, lo hace de forma bien ostentosa. No es, en su caso, omisión sino acción.

Por lo que conozco de sus costumbres entra dentro de lo posible, aunque no de lo probable, ser sacado de esa lista después de haber sido incluido en ella. Recuerdo que Yoshimoto llegó a ingresar en la lista por cierto malentendido idiomático y, una vez aclarado éste, el Tranviario no tuvo reparo en hacer desaparecer sus, por así decirlo, antecedentes penales. Pero muchos otros no pueden decir lo mismo. A alguno incluso le bastó pasar por ‘La Esquina’ una sóla vez para ganarse la condenación del Tranviario. Hubo, por ejemplo, un extranjero que se presentó hace años a comer. Dio buena cuenta de la fabada de Rosario, que tiene su bien ganada fama y reconocimiento por los alrededores, antes de confesar que no disponía de dinero. Como, por lo visto, era pintor, don Germán aceptó uno de sus cuadros como pago por el menú. Y ahí sigue colgado en el comedor. Una marina con unos barquitos al atardecer y con un uso de los colores para mi gusto demasiado estridente, poco apropiado para acompañar las excelencias de la cocina de Rosario, aquella que cuando desperté, por si no lo recuerda, todavía estaba allí. Le ruego esté atento porque los condenados a leer esta mi historia no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra.


Blogger juanba dijo...

Coincido plenamente con el segundo párrafo escrito por Ulises. "Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes", reza una frase que tranquilamente podría formar parte de los gloriosos "Lapidarios" de este blog.

En cuanto a lo demás, seguiré atento, más ahora que llevo mi cabeza despejada luego de haber comprendido la expresión "cazar lluvia guante".

Salutes  


Blogger Aquende dijo...

Errata: .. dotando de cierto don de lenguas...  


Anonymous Eduardo dijo...

Corrijo, que es lo suyo.  


Anonymous Jordi dijo...

La Isla de Tapihi està en el arxipélago del pollo (en guaná o chané)(o del pinto, en brasileño)?  


Anonymous Eduardo dijo...

En ninguno de los dos sitios, Jordi. Fue descubierta por Thomas Wassermeier, pero habrá que esperar a una actualización del Bestiario para saber más.  


Anonymous Jordi dijo...

Esperaré. Me ponen nervioso las islas que no están en Google. Pero la hallaré y, algún día fondearé en ella.  


Anonymous Eduardo dijo...

Reconozco que no es facil de localizar. Por eso quizás es una de los últimos paraísos. El mismísimo Archibald Fenster-Parrish vive actualmente allí.  


Blogger ana dijo...

Me ha gustado lo del Tranviario, lo de la placa en la banqueta y lo de la lista negra. Pero no he entendido por qué metió al pintor en la lista negra, seguirá Ulises por ahí? Dios quiera que no empiece a divagar y termine de contarnos lo del Tranviario!  


Anonymous Eduardo dijo...

Al tiempo, lo del pintor llegará a saberse. Y aunque su nombre nunca llegue a pronunciarse, muchos ya sabréis de quien se trata.  


Blogger juanba dijo...

¿El mismísimo Archibald Fenster-Parrish que pintó la famosa (y no menos temida) pintura "Le Mort" está en la lista negra del Tranviario?

Mi Dios, duelo de Titanes...

Salutes  


Blogger chin dijo...

Esos correctores de textos, a ver si se dan más prisa que ya me he leído el capítulo tres veces.
Saludetes  


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