O bien acaban por caer en la deplorable preocupación de la exactitud, o bien se dan a frecuentar a las personas de edad y bien informadas. Ambas cosas son igualmente fatales a su imaginación, como en realidad lo serían a la imaginación de cualquiera, y en poco tiempo he aquí que desarrollan una facultad tan morbosa como insana de decir la verdad, y empiezan a comprobar todas las afirmaciones que se hacen en su presencia, y no vacilan en contradecir a las personas más jóvenes que ellos, y a veces acaban por escribir novelas tan semejantes a la vida que no hay modo de creer en su verosimilitud. Y no se crea que es un ejemplo aislado éste que presentamos, no; es simplemente un caso entre muchos, y lo cierto es que como no se haga algo para impedir, o modificar cuando menos, este culto monstruoso de los hechos que ha llegado a ser el nuestro, el Arte quedará estéril y la Belleza desaparecerá de este mundo.
(Oscar Wilde, La decadencia de la mentira, 1889)
(Traducción de Ricardo Baeza, 1928)
(Continuará)
domingo, septiembre 04, 2005
Recetario - La decadencia de la mentira (III)
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