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Ficcientos

Ficciones a cientos. Osadía literaria y ficcionario particular de Eduardo Allende. 

jueves, octubre 27, 2005

Bestiario - Archibald Fenster-Parrish

Image hosted by Photobucket.comArchibald Fenster-Parrish
Pintor y falsificador de obras de arte británico. Surrey, 1911 – Tapihi, 1979

Poco puede añadirse a lo que la crítica más excelsa ha declarado ya sobre la obra del pintor Archibald Fenster-Parrish, quizá el mejor ejemplo de lo que la posmodernidad ha transformado el mundo del arte mudándolo desde una estéril pasividad interpretativa hasta un laberinto de significaciones en las que la propia obra se diluye hacia aspectos que trascienden lo meramente apriorístico. Se ha dicho (P.N. Watson, 1973), creo que con razón, que en la obra de Archibald Fenster-Parrish lo sublime destruye el tipo para mostrar una subjetividad tan vehemente como problemática.

No es mucho lo que se sabe sobre los primeros años de Fenster-Parrish. Las más de las veces se trata de información imprecisa que él mismo fue propagando en diversas entrevistas. En 1992 Patrick Nigel Watson, uno de sus principales biógrafos, localizó su partida de nacimiento, estableciéndose, como venían deseando los estudiosos desde hacía tiempo, un hecho indubitable sobre su origen. A tenor de lo que consta en dicha partida, Archibald Fenster-Parrish fue abandonado a los pocos días de nacer en un callejón de Surrey en 1911. Recogido por las autoridades, fue criado en el orfanato de Santa Cecilia. Como era allí costumbre, los muchachos eran bautizados con los nombres de los autores de los libros de la biblioteca de la institución. Parece ser que Fenster-Parrish era el autor de un tratado de jardinería del siglo XVII.

Según declaraciones propias (TLS, 22 de enero de 1963) a temprana edad se vió obligado a buscarse la vida en las más diversas ocupaciones, no todas ellas estrictamente legales. Así, una infancia propia de un cuento de Dickens fue conformando una especial sensibilidad hacia lo profundamente humano entendido como la tragedia del mundo moderno. De aquellos oscuros años data una temprana vocación literaria tal y como se ocupó de mostrar y demostrar Patrick Nigel Watson en su canónica biografía crítica (op.cit.) al presentar un breve relato publicado en el New Spectator, un diario de escasa tirada que aceptaba colaboraciones de autores noveles. Fenster-Parrish tenía en el momento de la composición del relato doce años pero su prosa parece más bien la de un autor en el ocaso de su vida.

Pero Fenster-Parrish pronto dejaría de escribir. La vida le tenía reservadas otras ocupaciones de las que poco se sabe hoy día. Ni siquiera se tiene conocimiento sobre si su vocación pictórica nació ya en las islas británicas o surgió con posterioridad a su partida hacia París a la edad de diecinueve años. Tampoco hay acuerdo sobre las razones que le empujaron a trasladarse a la capital francesa. Watson (op.cit) sugiere que preseguía los favores de una díscola muchacha que identifica con la que luego sería su mujer, Catherine Duval. Por el contrario, Roger Bradley (1981) afirma que fueron las deudas de juego las que le llevaron a poner tierra, más bien mar, de por medio. Lo cierto es que en 1921, Archibald Fenster-Parrish se encontraba ya instalado en París y comenzaba su carrera como pintor.

Está más que documentada la firme tendencia de los pintores pelirrojos hacia los girasoles y Archibald no fue una excepción al tomarlos como tema casi obsesivo en sus primeros años como pintor en Paris. De esta primera época data una de sus más conocidas obras, actualmente perteneciente a la colección privada de Günter Lifshitz y que ha sido expuesta en numerosas antologías gracias a la magnanimidad de este afamado coleccionista.

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Girasoles, 1923

Tras esta primera época se produjo un cambio radical tanto en su técnica como en la temática de sus obras. De acuerdo con Watson, que cita una conversación personal con el pintor acaecida en 1968 en el Tapihi Yatch Club (que en realidad, a pesar de su pomposo nombre, no era más que un cobertizo donde se servían comidas), un inesperado suceso estaría en la raiz de esta transformación, vinculada muy directamente con su descubrimiento de la mítica isla de Tapihi. Al parecer, fue una inocente conversación en un café parisino con un desconocido la que despertó su obsesión por tan legendario destino. Por aquel entonces la fama de Thomas Wassermeier, el descubridor de Tapihi, y que había alcanzado cierta notoriedad gracias a la publicación de sus ‘Crónicas de Tapihi’, ya empezaba a declinar y no hubiera sido extraño que Fenster-Parrish jamás hubiera tenido noticia del mismo de no ser por este fortuito encuentro.

Archibald Fenster-Parrish comenzó entonces a pintar marinas exóticas de arriesgado colorido intentando representar aquellos lejanos parajes a la par que se dedicaba a recopilar la escasa información existente sobre los mismos. Se trata del producto de una perturbadora ensoñación nacida de su insatisfacción vital convirtiendo así a Tapihi en su Ítaca particular. Fenster-Parrish jamás abandonaría su fascinación por esta minúscula isla del Pacífico hasta el punto de que, muchos años después, se trasladaría allí definitivamente.

De esta época es su archiconocida Expression Soleil Levant, que fue expuesta temporalmente en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y hoy constituye una de las piezas perdidas más buscadas por marchantes y coleccionistas del mundo entero. En principio, el cuadro pertenecía a la colección privada del autor, pero jamás fue encontrado entre sus pertenencias tras su muerte. Se sabe que se trataba de una de sus obras más queridas y que solía llevarla consigo en sus numerosos viajes por el mundo. Si hemos de creer la estimación publicada en 1999 por la revista Newsweek su valor actual en el mercado superaría los treinta millones de dólares norteamericanos.

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Expression Soleil Levant, 1934

Pero, irónicamente, lo que catapultó a la fama internacional a Archibald Fenster-Parrish fueron sus falsificaciones. En aquellos primeros años como pintor, Fenster-Parrish no conseguía vivir de su pintura. Se sospecha incluso que alguna vez reprodujo la obra de artistas consagrados para engañar a algún que otro coleccionista. Lo único que se sabe a ciencia cierta es que Fenster-Parrish fue el primer pintor en falsificarse a sí mismo. Cuando descubría que alguna de sus obras, por la razón que fuere, funcionaba bien en el mercado, no tenía empacho en reproducirla tres y hasta cuatro veces y venderla como pieza única en todos los casos.

Quiso el destino que la trampa fuera descubierta y Archibald Femster-Parrish se vio obligado a enfrentarse a un tribunal. La noticia no ocupó gran espacio en los periódicos pero, por una afortunada casualidad, la breve nota que daba cuenta del acontecimiento fue leída por Jacques Rocheteau, el más reputado crítico de arte en la Francia de la época, que se enfrascó en una encendida defensa del pintor.

Los panfletos y libelos publicados por Rocheteau dejaban a los magistrados encargados de juzgar el caso como poco más que analfabetos estéticos que no habían sabido comprender la honda significación artística de semejante práctica. Para Rocheteau, la “autofalsificación” debe entenderse como una crítica inmanente de la alienación inherente al modo de producción de caracteriza a las sociedades postindustriales, en las que se cosifica el universo simbólico a través de un control ideológico que sólo puede superarse a través de la experiencia estética.

Así, la negatividad dialéctica se muestra como un elemento más del entramado estructural de la subjetividad contemporánea, afrimando a la vez que negando el carácter problemático de la individualidad existencial y donde sólo la comunicación se constituye en elemento de realidad frente a las fantasmagóricas apariencias establecidas por las categorías clásicas que quedan, de este modo, superadas en aras de una liberación tan posible como utópica. No era de extrañar, no sólo que Fenster-Parrish saliera absuelto, sino que, además, el mundo artístico resultara fuertemente convulsionado.

A raiz de este suceso, la fama de Archibald Fenster-Parrish creció como la espuma. Se multiplicaron los estudios sobre su obra. Las universidades norteamericanas se lo disputaban para que pronunciase conferencias. Los medios de comunicación le dieron una cobertura nunca antes vista en un artista. Cabría decir que fue la primera gran figura mediática del mundo del arte. De esta época es su matrimonio con una agraciada joven francesa, Catherine Duval, que fue seguido en masa por la legión de seguidores del pintor. Catherine se convertiría en su compañera hasta el fin de sus días y en la madre de su única hija, Marianne Fenster-Parrish, que actualmentre vive en Londres.

Si bien al principio Archibald Fenster-Parrish disfrutó de su bien merecida fama, no es menos cierto que pronto se le hizo insoportable. La presión de la popularidad le resultaba insufrible. Siempre perseguido por los fotógrafos (recuerden, por ejemplo, sus famosas fotografías huyendo despavorido en compañía de Jerome David Salinger), tendió a alejarse de los centros de actualidad en busca de tranquilidad. Comenzó entonces su periodo viajero que culminaría con la llegada a su deseada Tapihi. Hay noticias, aunque escasas, de su paso por España, Marruecos, Túnez, Egipto, Grecia e Italia.

En 1955 el Museo de Arte Moderno de Nueva York le dedicó una exposición antológica que el tiempo haría que fuese la útlima oportunidad de contemplar su obra al completo. Fenster-Parrish, que seguía huyendo de la fama como de la peste, no se dignó a visitar la exposición aunque permitió que las obras pertenecientes a su colección particular viajaran hasta el nuevo continente. Del catálogo de aquella exposición proceden las únicas reproducciones conocidas de las numerosas obras perdidas de Fenster-Parrish, que aquel año seguía deambulando de incógnito por Europa.

Poco después se perdió su pista para reaparecer dos años más tarde en Guatemala. Se sabe que también visitó el Brasil y que pasó una larga temporada en Argentina, donde pintó otro de sus más celebres cuadros, Le Mort, desafortunadamente también hoy perdido y que, de acuerdo con ciertas exégesis, representa un punto de inflexión en su evolución pictórica toda vez que parece negar su trayectoria hasta entonces.

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Le Mort, circa 1956

Tras una breve estancia en Chile, partió en 1958 de Valparaíso para realizar un recorrido por el Pacífico en una destartalada goleta llamada Rosario. Le acompañaba su mujer Catherine, su hija Marianne y un marino local llamado Pablo cuyo apellido no ha perdurado. Fue en este viaje cuando Fenster-Parrish arribó por primera vez a las costas de Tapihi, donde permanecería hasta 1969, año en el que partiría, una vez más de incógnito, hacia Europa en busca de inspiración. No hay noticia alguna de los pormenores de este viaje que se extendió hasta 1972, año de su regreso definitivo a Tapihi donde residió hasta el fin de sus días.

Una mañana de 1979 Catherine lo encontró muerto en su estudio, había estado toda la noche trabajando en lo que sería su última obra, que tituló Fenster y que hoy se encuentra expuesta en el Tapihi Yatch Club para deleite de sus numerosos clientes.

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Fenster, 1979


Bibliografía recomendada

Bradley, Roger (1981); Studies on Ludopaty and Sensibility; Proceedings of the Armenian Psychological Society; Ereván
Gutiérrez, Antidio (1971); Una consideración sobre el azar en la obra de Archibald Fenster-Parrish; Revista Española de Estudios Profundos, vol. IV, núm. 4, agosto, pp 34-46.
Rocheteau, Jacques, (1999); Selected Writings, (edited and translated by Peter Fallon), Vol. XVIII; Ridley and sons, Oxford.
Watson, Patrick Nigel (1973); Archibald Fenster-Parrish. The Vanishing Portait; Oxbridge University Press. Segunda edición corregida y ampliada de 1995.


Blogger Aquende dijo...

Tan impresionante como su bigote.
Interesante conocer a D. Antidio como estudioso.  


Anonymous Eduardo dijo...

He de confesar que no había caído en que D. Antidio figuraba en este texto.  


Blogger ana dijo...

Vaya tela con la parte de las consideraciones estética de Rocheteau! Tú te crees que traigo yo la cabeza para eso?  


Blogger chin dijo...

Eso digo yo. A estas horas no estoy yo para lecturas formativas.
Ya volveré.  


Anonymous Eduardo dijo...

Era Rocheteau, sin duda y crítico prolífico y vehemente. Mucho se ha perdido desde que se quemó a lo bonzo en plena Place Vendôme.  


Anonymous Eduardo dijo...

Ya tampoco ando muy católico Chin, pero un pintor así bien merece el esfuerzo.  


Anonymous Jordi dijo...

Sospecho que don Archibald temporalmente formó parte de la mítica panda de navegantes-vagabundos-artistas fondeados el 72 en Papeete (Moitessier, Villar, Eloïse, etc). De hecho las crónicas cuentan que en el Rosario, único barco 'de clase alta' de los presentes, se compuso con la ayuda de la pianola de don Archibald el tristemente desaparecido y olvidado himno de Tapihi.  


Anonymous Eduardo dijo...

Le veo muy bien documentado, don Jordi.  


Blogger juanba dijo...

Luego de investigar bastante la obra de Fenster-Parrish he llegado a la conclusión de que el célebre pintor hizo dos copias de su famosa "Le mort", pero, a diferencia de sus primeras falsificaciones, las dos copias de esta última obra son distintas, con lo cual no deberían llamarse "copias" salvo por el título de las pinturas que es el mismo. Pero adentrándome aún más en mis investigaciones, debo decirles que una de esas copias fue la que generó un gran revuelo en un pequeño pueblo con mayoría de inmigrantes italianos, de esos que abundan en la provincia argentina de Santa Fé, destino donde dicen que estuvo afincado por un tiempo el ilustre Fenster-Parrish.

Según cuentan los locales del pueblo, la copia de "Le Mort" que tuvo en vilo a la pequeña comunidad por mucho tiempo estaba maldita. En esa copia se podía ver el retrato del mismo hombre que se exhibe en la reproducción adjuntada en la biografía escrita por Eduardo, nada más que el mismo hombre es ya un viejo de avanzada edad.

Salutes  


Anonymous Eduardo dijo...

Nada como que las cosas tengan explicación (y que Juanba nos las explique).  


Anonymous Jordi dijo...

El texto del poeta local ERUERA(Tapihi) resume con extraordinaria dulzura su romance con doña Marianne, lean:

areare noa ana nga pakitara o te whare e hau-
maku ana a roto ara te whenua e nohoia ra e
moea ra e ia ka haere au ki nga taha o waho
titiro ai kaore he paepae tikonga; kaore he wai
manawa whenua, engari he wai kopiro noa
iho, he tiko kora noaiho katahi au ka mea
atu e hoa ehara koa i te maota ehara hoki i te
ritenga pakeha, notemea kai te tuanui te ma-
TAPIHI putanga pawa au ahi, mamaoa ta-
ngata, kai ranei, he maroke a rato he waima

Na ERUERA TE KAHU  


Blogger kundabuffer dijo...

Impresionante este Fenster-Parrish. Y su obra.

Doble !! para el.

k!  


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